
Sebastien Barruel
La mediocridad en el mundo se ha convertido en moneda corriente desde hace unas tres décadas, poco a poco el cinismo de aquellos que nos dirigen se ha vuelto más desfachatado conforme marchan los años, hasta convertirnos en aquella masa descartable del sistema que premonitoriamente George Orwell profetizó en su libro 1984.
¿Qué nos ocurre hoy? El código imperante es fomentador de esta mediocridad a través de una exacerbada difusión de información útil para el momento, pero nunca para el cambio. Las redes sociales han hecho que la interacción humana sea en segmentos y la información que se intercambie se caracterice por la puerilidad, debido a la enorme ramificación de nuestros interlocutores virtuales y al frenético acontecer cotidiano.
Obviamente en nuestros países, la escasez de recursos convierte a la población en mero espectador de la dinámica mundial, ajena a sus decisiones y obediente de las inexorables sentencias que se toman en la superficie. Sin embargo, es allí donde está el corazón del asunto, pues los cambios en el mundo inician con las elites y la población pensante, que generalmente es aquella con acceso a ciertos recursos como tecnología, ergo: información. El trabajo de alienación se focaliza en esta sección de la pirámide, donde sutilmente se trastocan valores hasta hacer aceptables situaciones que en otros tiempos hubiesen merecido la guillotina, la horca o algo parecido. La relativización de las faltas y la cotidianidad de los grandes vejámenes, han creado una peligrosa indiferencia que mermó nuestras libertades y permite a un grupo actuar con toda impunidad a través de un sistema que esclaviza cada vez más e inutiliza a aquellos que pueden representar un cambio.
Por ejemplo: ¿Un señor bien recomendado por una comisión del Gobierno llamado Banquero, nos ofrece interés por resguardar nuestro dinero a una tasa que no rebasa el 5% anual y luego se va a jugarlo al blackjack en el casino MGM de Las Vegas? Luego lo pierde irremediablemente y con todo descaro dice que ya no lo tiene. Después imaginemos que es el Gobierno con nuestros impuestos el que debe sacarlo del apuro personal por sus deudas de juego. Eso fue exactamente lo que ocurrió con las hipotecas sub-prime y toda la burbuja financiera que originaron los bancos de Estados Unidos, generando una deuda de 35,000 dólares per capita que se evidencia impagable para cada ciudadano de ese país y sus generaciones subsiguientes. Un banquero entusiasta invitó a sus colegas europeos que raudos participaron en la partida ante la tentación de las ganancias iniciales en el casino, así empezaron a ganar en el Blackjack como suele ocurrir en las casas de juego. Hubo gente autorizada para certificar que los jugadores contaban con los fondos necesarios para jugar “duro” como dirían los profesionales en el albur. Incluso estas personas que eran de toda confianza del Gobierno y jamás tendrían que poseer vínculos con aquellos que supervisaban, certificaron durante años los respaldos de los amigos europeos de Banquero y llegaron a validar las finanzas de los países de cada uno, cuando las deudas llegaron a ser demasiado grandes. El resto es historia, el fraude se evidenció y cuando reclamamos el dinero a Banquero, este con una serie de tecnicismos nos dio a entender que lo había perdido en el MGM. Así, Gobierno debió asumir las responsabilidades de Banquero y por el hecho que este (Banquero) paga las campañas del administrador de turno en ese lugar, entonces se le permitió seguir operando sin ninguna deducción de responsabilidades.
Lo que ellos hicieron se llama “robo” y no tiene otro nombre. En el siglo pasado se ahorcaba a vaqueros que asaltaban diligencias, ahora se les salva por la sofisticación del atraco y la magnitud del monto que se hace inimaginable para el ciudadano influyente de la superficie (la clase media y media alta).
Hay movimientos que de vez en cuando surgen denunciando el descontento, pero ya les tienen tomada la medida. El escándalo sucede al principio, se soporta el chaparrón y luego las cosas vuelven a su cauce.
Todo regresa a la normalidad porque el sistema nos ha vuelto intelectualmente haraganes, mediocres y egoístas; nos ha ocurrido una castración mental y de carácter. Esto, porque vemos continuamente como la sociedad misma aniquila a aquellos que alzan la voz, dejándolos en la más profunda de las soledades y siendo objeto de un rechazo que ahora toma dimensiones mundiales por estar todos “en línea” con los mismos patrones de alienación.
Nos hemos convertido en niños a los que se les dice en qué creer y qué hacer, sin cuestionar y mucho menos deliberar si vamos por el camino correcto. Todo el conocimiento disponible es para lo momentáneo, no para la profundización. Los medios nos cuentan todo lo que pasa en el mundo, pero nunca buscan las causas de la situación que nos tiene en el entuerto. Se divulgan las noticias diarias del medio oriente, pero nunca qué originó dicha situación, cuando hay paneles para incursionar un poco más en el tema, el moderador es el tirano y por la misma dinámica del sistema, la gente simplemente no quiere escuchar sobre más problemas -claramente agobiada por los propios-. Damos lugar a que el statu quo prevalezca.
Es por ello común que ahora los estudiantes (futuros profesionales y en algunos casos dirigentes del mundo) basen su conocimiento en un ente que abiertamente manifiesta: “Si bien es cierto que Wikipedia exige que toda afirmación debe estar verificada en citas que lo sustenten, también es cierto que no se exige que se haga una verificación cualitativa sobre la fuente o referencia en sí; de hecho, esta práctica se considera tolerable en aras de promover la participación de los usuarios”.
Ante esto tenemos la puerta abierta para falsear las verdades que queramos y que todos puedan repetir hechos que convengan al sistema (al mejor estilo de Goebbels). Hoy sólo hay síntesis de eventos, personajes y libros. El objetivo: continuar con un adoctrinamiento que es admirable desde el punto de vista de los dirigentes, pero despreciable para los dirigidos.
Irónicamente, la frenética vorágine que mencionamos al principio, nos hace que busquemos las cosas no complicadas, simples y entendibles de la manera más rápida. Por esto Coelho es la lectura más popular y no Chomsky, los libros de autosuperación (para este sistema) son aquellos que prevalecen en vez de los que buscan explicarnos la historia o la cuestionen, es por ello que los compositores son cada vez más frívolos, los mensajes más insulsos y la cantidad prevalece sobre la calidad (como ocurre con los restaurantes de comida rápida), no es por casualidad que Coca Cola sea referente en campañas de convivencia social. Las instituciones de la moral tradicional son sustituidas por sectas apocalípticas que nos vinculan a razas extraterrestres como explicación de nuestras imperfecciones, convirtiéndonos en híbridos de seres intergalácticos con primates que habitaban nuestro planeta durante nuestra oscura protohistoria. Información irrelevante para lectores mediocres que en su crisis existencial buscan un sentido a todo esto. Los libros virtuales no son letra muerta sino cambiante, en dependencia a lo que indique el colegio que gobierna el sistema. El refugio para la intelectualidad que fue Europa, se contaminó con el espejismo de la codicia y hoy lucha por sostener un sistema totalmente antieconómico con una divisa única, cuando la fortaleza siempre ha residido en su diversidad y la agilidad de sus economías individuales. Hoy en Italia se plantea el sistema a destajo para emular el modelo estadounidense, que otorga la libertad de trabajar (las horas que se desee) pero en detrimento de la libertad de pensamiento crítico -pues la trampa del trabajo y créditos baratos para adquirir infinidad de bienes, ahoga el tiempo ocioso que podría tenerse para desarrollar el pensamiento y la concomitante conciencia del medio circundante-.
El desprecio por lo histórico es fundamental para este modo de vida, pues quien conoce la historia puede inducir, analizar, señalar errores actuales y futuros. Para muestra el crash de 1929, algo muy parecido a lo que pasó recientemente, pese a ello, todos hacen parangones pero en realidad nunca ha sido tomado en cuenta para elaborar correctas soluciones.
Las calificadoras de riesgo deciden los porcentajes de los “spreads” en las deudas soberanas de los países, esas mismas calificadoras que jamás advirtieron la peligrosidad de los títulos basura en contubernio claro con los banqueros y aseguradoras. Esas mismas calificadoras que proclamaban a los cuatro vientos el “milagro español” y la solidez de la deuda griega durante años. ¿Dónde está la verdadera deducción de responsabilidades para estos modernos ladrones de diligencias? Y peor aún: ¿Dónde quedó la indignación mundial ante esta mega estafa de que fue objeto todo el orbe?
En ningún lado, los indignados languidecen en su movimiento, el capítulo New York de este movimiento fue desalojado por la fuerza y sólo aprisionaron a un émulo de Carlo Ponzi llamado Maddoff, que individualmente jugó una “pirámide” con algunos ricos de la costa este de los Estados Unidos… Corderos pascuales o chivos expiatorios en los que se esconde toda una grey de ladrones que globalizaron la sangría de la gente.
Impavidez es la constante de nuestro tiempo, por escuchas telefónicas a un partido opositor, sacaron a un presidente de los Estados Unidos, es el inicio de los setenta, hace apenas siete años, otro presidente que ganó por un fraude electoral, claramente miente al mundo iniciando una invasión a una nación que nada había hecho a los Estados Unidos. ¿Qué dijimos todos? ¿Qué hicimos al respecto? ¿Qué dijeron los ciudadanos norteamericanos cuando dilapidaron todo el tesoro nacional en una mentira? Nada, absolutamente nada. El antimetabole: “viven para trabajar en vez de trabajan para vivir” es la máxima que les impide “tener tiempo” para pensar qué está sucediendo con sus destinos y en manos de quién están; esta singularidad que mantiene el sistema será también a la postre aquella que terminará derruyendo toda la estructura, debido a que en las clases media y media alta, cada vez crecen hombres y mujeres jóvenes a quienes se les inculca más el problema existencial que la situación real de su sociedad y el mundo que les circunda. La televisión, las redes sociales y toda la información disponible sirven para inculcar el “yo” antes que el “nosotros”, cuando es obvio que mis actos afectarán a otros y viceversa.
Decía que esto era el talón de Aquiles, debido a que cada nueva generación que se activa -socialmente hablando- es más inconsciente y mediocre que la inmediata anterior, esto merma las capacidades de producción y transformación al momento de una sacudida verdadera como el previsible derrumbe que ocurrirá en la próxima crisis financiera que el mundo no aguantará. Veremos evidenciada la fragilidad social y quizá experimentemos algo similar a lo que ocurrió con los ciudadanos romanos del tardio-imperio cuando ocurrieron las invasiones bárbaras: el ejército romano estaba compuesto por germanos, por la razón que a los ciudadanos mismos se les había vedado su participación en las legiones del imperio, la gente en las ciudades ante su fragilidad simplemente se sometió y en cuatro generaciones el conocimiento de milenios se perdió en un 70%. Con la guerra de Irak vemos algo similar, una guerra contra un país insignificante desde el punto de vista bélico, se ha convertido en un problema mayúsculo y barril sin fondo financiero que tiene quebrada la economía de la todopoderosa nación invasora. Negocio de pocos a costa de todos.
Quizá por ello los tigres del sudeste asiático tienen esas grandes tasas de crecimiento, la vida es más sencilla allá y no existe la sofisticación existencial que hoy adormece a las clases que sostienen nuestras economías.
Hoy estamos más cerca de un socialismo corporativo al mejor estilo del fascismo de Mussolini, que al aspiracional de las doctrinas de mercado donde deberían haber proliferado miles de dueños gracias a la libertad económica. Cada segmento económico se está quedando con uno o dos participantes en el mercado. Una muestra son las líneas aéreas que se han fusionado y se pronostica que al final será solo American Airlines quién tenga el mando de los vuelos en los Estados Unidos. En Europa desapareció Swiss Air, Alitalia y otras que ahora son subsidiarias de Air France, British Airways y Lufthansa principalmente… ¿Que ocurrió con el servicio y todo lo que se pregonó? Se volvió mediocre y el cliente (que en teoría siempre tenía la razón), no puede castigar con otra opción a quien mal le sirva porque simplemente no existe, es la tiranía corporativa que hoy nos agobia y mediocratiza todo el sistema.
¿Qué podemos hacer? ¿Volver al socialismo? No, ya estamos en él, solo que en vez de ser hombres del politburó, son ejecutivos del banco o la corporación. Los mismos que financian al político de turno para que mantenga correctamente el sistema.
¿Alguien cree que exagero? Pregúntense entonces: ¿Cómo fue posible que se hubiesen declarado los derechos civiles en Estados Unidos hasta el 64? ¿Cómo es posible que alguien haya mentido para iniciar una guerra por armas de destrucción masiva inexistentes y no se le haya enjuiciado? ¿Cómo es posible que no haya un banquero preso por la burbuja financiera? ¿Un directivo de una calificadora por mentir en la crisis de Grecia o en la burbuja financiera hipotecaria? ¿Cómo es posible que se haya aprobado un paquete de 400,000 millardos de euros para Grecia cuando la única solución para dinamizar su economía era y es la devaluación de su moneda para ser competitivos con sus productos? Respuesta a esta última pregunta: Para salvar a los banqueros alemanes y franceses que deben cobrar el monto del negocio. Los griegos debieron haber abandonado el euro desde el principio de su crisis, dicho esto, el euro jamás debió haber existido, pues es un negocio de banqueros a costa de la competitividad de los países menos calificados y al final, aun cuando la productividad alemana sube cada año, cabría preguntarse: ¿Cómo estarían sin el euro? La competencia entre monedas mantiene sano el sistema y aísla los problemas que pudiesen surgir cuando una economía particular se calienta, hoy a alguien le da pulmonía y todo el equipo se va al hospital. Teoría económica elemental, no obstante, inconveniente para los mega Business.
¿Qué hacemos entonces? Quizá nada, esperar la próxima burbuja para que llegue -entonces sí- el fin del mundo, no con cataclismos terrestres, pero sí con terremotos financieros que cambiarán el modo de vida y ver las cosas en todos lados. La gente puede que ante un caos de esa magnitud llegue a desesperarse y entonces el terror se apodere de nuestras sociedades.
Otra cosa podría ser esperar a que los judíos finalmente bombardeen Irán o Siria, entonces se meterán los rusos y chinos para servir una suculenta mesa apocalíptica…
Hasta entonces, aquellos que podemos, sigamos tomando café en Starbucks, pidiendo el menú sano en Mc Donalds, leyendo sobre dianética, alquimistas, códigos de Da Vinci o mundos de Sofía, sufriendo vejámenes en aeropuertos, oyendo música basura, cacareando el calentamiento global sin que China o Estados Unidos firmen el protocolo de Kioto (a pesar de ser quienes más contaminan), revelando apetencias exhibicionistas en Facebook y Twitter; contemplativos de cómo los dirigentes nos llevan al despeñadero en un automóvil que insisten en correr a 250 kilómetros por hora cuando el espirómetro marca 100 como límite.
Cuando todo reviente, los de hasta abajo, parias o descamisados; estarán listos para darnos con todo… Y con razón.
Como dijo un cantautor -obviamente nada comercial- en una canción que dedicó a Frank Sinatra: Al estilo lo llevaron detenido, la elegancia ahora viaja en ambulancia, parece que el buen gusto estuviera prohibido. Si la música barata ya no para de sonar, si la clave del sol hoy amaneció nublada, voy a volver a la cama y dormir hasta mañana. El poeta esta aburrido y le sobran los motivos, la canción cumple condena por ser demasiado buena… Yo lo siento Frank, lo siento de verdad, pero esto es simplemente lo que hay….
Nota: El tema: SUBYUGADOS POR LA MEDIOCRACIA, de Salvador Barruel, fue enviado a nuestra redacción por Roberto Oliva. Lo publicamos con la intención de abrir un debate profundo sobre lo que somos hoy y seremos en el futuro.